Cuando no hay un buen amor propio que nos respalde, es fácil hacernos pedazos por querer mantener completo a otra persona. Es un acto guiado por la lástima y no por el amor. Siempre, ante todo, debemos velar por nuestro propio bienestar.
Cuando nos acostumbramos al dar y no recibir nada a cambio, terminamos creyendo que darnos tiempo es un acto egoísta. El intercambio suele ser esencial en todas las relaciones y es el pilar fundamental para que el amor se mantenga vivo.
Hay acciones que podemos analizar y que son propias de aquel que se parte en pedazos:
- Nos partimos en pedazos cuando decidimos no cuidar de nosotros.
- Nos partimos en pedazos cuando renunciamos a lo que nos gusta por otros.
- Nos partimos en pedazos cuando dejamos nuestros intereses de lado y dejamos de alimentar nuestro propio amor por las cosas y nosotros mismos.
- Nos partimos en pedazos cuando no hacemos caso a nuestra voz interior que nos dice que estamos en el lugar incorrecto.
- Nos partimos en pedazos cuando ponemos las necesidades ajenas sobre las nuestras.
- Nos partimos en pedazos cuando intentamos ser perfectos por alguien más y olvidamos quienes somos en realidad.
- Nos partimos en pedazos cuando maquillamos nuestro dolor para que lo otra persona no lo sepa.
- Nos partimos en pedazos cuando nos creemos egoístas al intentar alejarnos por nuestro propio bien.
- Nos partimos en pedazos cuando cedemos a los chantajes en nombre del “amor”:
- Nos partimos en pedazos cuando decidimos quedarnos al lado de alguien que entorpece nuestro camino.
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