Es inevitable que alguien no sienta atracción por un buen físico y un rostro. En mayor o menor medida, ese atractivo físico atrae y puede ser un punto de inicio para que alguien pueda gustarle a otra persona. Sin embargo, el concepto de belleza muta y se adapta a los gustos de cada quien.
Puede que tengas un buen cuerpo y una linda cara, pero si de tu boca no sale nada interesante, tenlo por seguro que perderás toda tu belleza y encanto. A la gente que busca amar de verdad, el físico resulta simplemente una carta de presentación, una simple fachada y una portada de libro. Quien busca amar de verdad, le interesa saber qué es lo que tiene tu mente.
Si hablas y demuestra que lo único que hay en tu mente es un simple charco, eso es suficiente para alejar a una persona que pueda considerarse a sí misma como interesante. Pero, si abres tu boca y de él emana vida y un sinfín de buenas conversaciones que denoten inteligencia, tenlo por seguro de que tu cara y cuerpo pasarán a ser realmente insignificantes.
Las grandes mentes enamoran, pues de ella se desprenden las cosas que los que buscan amar de verdad, anhelan. Uno no ama a una cara, uno ama algo intangible y que prevalezca en el tiempo. La piel se arruga y el cuerpo muere, lo único que queda es tu esencia, espíritu o recuerdo, y es eso a lo que una persona que te ama de verdad, se aferra.