Merecemos alguien que sienta la necesidad y no solo el deseo de estar a nuestro lado.
Que no pueda dormir bien porque discutió con nosotros y anhele arreglar las cosas.
A alguien que no conozca de orgullo cuando ese trate de amar.
A alguien nos de cantidad en su cantidad de tiempo.

Merecemos a alguien que comprenda que la virilidad no está peleada con el orgullo, y que por exigir un tanto de cariño no pierde su condición de hombría o de mujer.
Merecemos a quien se le llena de luz los ojos al hablar de nosotros y que entre sus amigos solo corran comentarios de alguien enamorado.
Merecemos amar con tranquilidad y sin miedo a que nos fallen.
Merecemos tener la seguridad de que, si entregamos el corazón, no hará falta pedirlo de vuelta.
Merecemos que nos quieran fuertemente y con confianza.
Merecemos un amor que se preocupe por vernos despertar y que nos pide que nos quedemos un poco más, todos los días, hasta el final de nuestra existencia.
Merecemos que la persona que escojamos valore realmente lo que tenemos para dar y que el día en que la vida se nos caiga en pedazos, esa persona esté ahí para abrazarnos lo suficientemente fuerte como para unir todos nuestros pedazos y que nos dé la seguridad de que nos aman bien, fielmente y sin condición de ningún tipo.
Merecemos que alguien realmente nos merezca.