Perdonar no es un acto que apunta a satisfacer la necesidad o el deseo de quien te falló. El perdón es de hecho, el acto más propio y desinteresado que existe. Uno perdona con la finalidad de alcanzar una libertad emocional, y dejar atrás aquellas cosas que pueden mantenerte estancado al pasado.
El pasado es una roca que puede llegar a ser o muy pesada, o simplemente llevarse en un bolsillo. El perdón es el acto de reducir el peso de dicha roca hasta volverla prácticamente, polvo. El perdón no conoce de segundas oportunidades, ya que dar una oportunidad y perdonar son acciones mutuamente excluyentes.
En el perdón se haya la pasibilidad de seguir adelante, pues ella te libera del rencor y permite ver con mayor claridad al futuro, ese que anhelas alcanzar libre de cadenas y todo tipo de malestares relacionados con un desamor o una traición de algún amigo.
Perdona para ti, para que tu vida fluya como un rio y ninguna represa le retenga. El mantenerse aferrado al rencor y el odio provoca una enfermedad emocional que puede verse reflejada incluso en el plano físico.
El odio provoca estrés y desconcentración, así como trastornos emocionales. Perdona no solo por un propósito emocional, sino también para alcanzar la plenitud y la libertad espiritual que tan necesaria es para ser feliz y amar de nuevo.