La última moda se encuentra en enmarcar todo en términos del positivismo y la felicidad. De repente, por un simple decreto solamente tomamos la paz, el bienestar, la armonía y procuramos evitar la tristeza y el sufrimiento.
Tener contacto con esas emociones perturbadoras se ha prohibido a tal nivel que algunas personas pareciera que entran en un profundo estado de negación de sus problemas frente a los demás y a sí mismos, como si sus defectos simplemente no estuvieran ahí.

Todo esto lo hacen sin olvidar que en la vida hay momentos buenos y momentos malos. Así como tendremos momentos de plena felicidad y concordia, también sufriremos situaciones de pérdida e inestabilidad emocional.
Estas emociones, nos guste o no, conforman nuestra propia identidad como seres humanos y son un fuerte rasgo de nuestro desarrollo evolutivo. Por eso hay que pensar: ¿Por qué evitar que aflore algo que natural y viene con nosotros desde hace mucho?
Seguramente muchos pueden responderme que esto puede ser contraproducente porque le puede dar pie a un exceso. En ese caso, la respuesta viene dada por un viejo refrán que reza “El dolor es obligatorio, el sufrimiento es opcional” ¿Qué significa esto? Significa que es posible dejar fluir nuestras emociones negativas sin necesidad de apegarnos y darles una dimensionalidad dañina. Dicho en otras palabras: el objetivo es sentir tanto pero ni tan poco.

Por lo tanto, ¿Quieres realmente construir un equilibrio saludable en tu vida emocional? Esto puedes lograrlo saboreando lo mejor de la vida y disfrutando sin descanso en los mejores momentos, así como permitiéndote sentir y fluyendo las emociones en los malos momentos, sin apegarse al sufrimiento.