La palabras en el olvido tienen un lugar muy especial. Se guarda en el rincón del corazón al que te da miedo mirar. Las promesas rotas tienen olor a desilusión y desesperanza. Están construidas sobre corazones que se quedaron esperando la acción que correspondiese a cada letra.
Son las acciones las que hacen de las palabras algo con sentido. Es un tema de honor, así de simple. El honor garantiza que hoy una promesa tenga valor verdadero, y precisamente, es por esa razón que el honor se ve hoy, como un concepto del pasado.
En la actualidad, creer en las promesas o palabras de alguien, no se considera tanto un acto de confianza, sino de estupidez. Sí, pretender que alguien hoy día sigue sus promesas al pie de la letra, es un poco estúpido. Las promesas rotas llueven todos los días, el tema está en sí te las has creído.
Si no quieres que esas palabras lleguen a tu memoria como fragmentos de desilusión, entonces no esperes nada de nadie. No esperes un amor que durará para siempre solo porque alguien te prometió vivir a tu lado mil años y cien vidas más. No creas en que la luna tocará la tierra solo porque alguien dijo que te la bajaría y, finalmente, no creas que alguien no puede fallarte solo porque te dijo que te amaba.