El abrazo es uno de los actos que nos hace más presentes. Es decir, abrazar a alguien, le hace que de algún modo, se percate de nuestra presencia en cuanto al apoyo y cariño que estamos dispuesto a brindarles. Esa sensación de alguien rodeándonos con sus brazos, suele ser una de las más reconfortantes.
Un abrazo no es solo un acto placentero. Un abrazo es un encuentro íntimo y al mismo tiempo amable con otra persona. Abrazar expone la parte más vulnerable de nosotros y es capaz de poner en sincronía a dos corazones.
No solo lo digo en forma metafórica, de hecho, se han realizado estudios en los que se muestra que un abrazo disminuye la presión arterial y la frecuencia respiratoria. Esto disminuye el estrés y, por alguna razón, las personas que se abrazan intentan igualar su respiración. El abrazo es tan poderoso, que se cree que su efecto es mucho más placentero y positivo que el del beso para demostrar cariño.
Por otra parte, los abrazos no solo benefician a las personas que se conocen. También tienen un efecto positivo con los desconocidos, ya que, a través del abrazo, el sistema límbico se activa y estimula las emociones, haciendo que crear lazos de confianza, sea mucho más fácil
La sociedad piensa mucho, pero siente poco. Cada día los medios de comunicación suelen alejarnos más de esas personas que tenemos cerca, con la excusa de unificar aquellos que están lejos. Preferimos estar en un chat o redes sociales, a abrazar a quien tenemos a nuestro lado.
Esto ha ido deformando la inteligencia emocional de las personas a un ritmo preocupantes. Cada día, a los jóvenes se les dificulta más y más demostrar cariño, haciendo a cosas tan sencillas pero significantes, como un abrazo, algo incómodo o incluso molesto. Se entiende que algunos no les guste mucho el contacto físico, sobre todo con personas de poca confianza, pero este miedo a la muestra afectiva va aumentando a diario, siendo sustituida por la comodidad de las relaciones fugaces o el crear lazos por medio de una pantalla.
Seamos la excepción, y retornemos a esos días donde un abrazo, era signo de respeto, cariño y confianza, y no de invasión de espacio, cursilería y molestia.