Hoy desperté con un deseo inmenso de probar la mayor delicia que mi boca ha tenido el placer de probar.
Hoy he amanecido con unas ganas inmensas de tenerte en este lecho, como cuando se tensa la cuerda y está a punto de romper.
Hoy he querido juguetear con mis fantasías para imaginar que estás cerca conmigo, amándome y haciéndome tuya.

Hoy he amanecido con ganas de probarte, pero nuevamente me quedo con las ganas…
¿Por qué no vives en este lecho, donde me elevas a lo infinito del cosmos y me haces comprender tantas cosas?
¿Por qué no vienes a amarme todas las mañanas y luego te vas como si nada a tu trabajo, para prolongar las caricias hasta bien entrada la noche?
Nunca es suficiente, y mientras más lejos estás, más mi cuerpo te necesita y empiezo a suspirar por tus besos.
Porque eres como una droga, y muy poco puedo hacer ante ti que no sea caer rendida a tus pies…

Hoy he amanecido más sola que nunca, amigo mío, llamando por la compañía de tu cuerpo.
Para que me saques de este estado fatal de estar pura, en la flor de la edad, sin besos que me rasguen la piel.
Porque es un pecado tener abandonada a una mujer que necesita amor infinito, porque no puedes dejarme a mi suerte, en otro lecho, lejos de mí.