Mientras él sentía que callar era la mejor forma de llamar su atención, ella sentía que no le importaba su presencia. Mientras que él creía que con su ausencia, ella podría extrañarle, ella sentía que con su presencia podía sofocarlo, y es que, no se ponían de acuerdo, pues eso es lo que sucede cuando un orgulloso y alguien que no se valora se juntan.
Tiran de la cuerda en sentido opuesto, y hacen de la relación una competencia, a ver quien tira más fuerte, si uno con su silencio, u otra con su temor de ser escuchada. Debemos conseguir un punto de equilibrio dentro de nosotros, que no nos haga convertir al amor propio en idiotez y orgullo, y a la timidez en baja autoestima y falta de seguridad.
El orgullo se convierte en apatía a los ojos de la persona que te ama, y la inseguridad se confunde con desinterés. Ambas cosas son fatales para el amor, y por ello hay que dejar de lado muchas cosas cuando se trata de entregarse. Siempre se debe buscar ser mejor persona, no solo por el otro, sino por uno mismo, porque de por sí, orgullo e inseguridad son defectos que afectan a las personas, estando solas o acompañadas.
Así que, no lastimemos a personas con nuestro silencio, pretendiendo que así llamaremos su atención, y no alejemos personas con nuestra inseguridad, pretendiendo que eso no afectará a la manera en que nos ven.