El universo teje hilos entre el destino, la suerte, lo aleatorio y los seres humanos. Todo está conectado, y depende de nuestras acciones la forma en que tejamos nuestra vida. Todos vivimos con un poco de libre albedrío y destino, y por supuesto, suerte. El universo nos da cosas a través de estos tres conceptos, y también no los quita.
Solo cuando creemos merecer algo, podremos obtener algo por medio del libre albedrío, es decir, por medio de nuestra propia decisión, indiferentemente que esté o no en nuestro destino. De igual forma, solo hasta que creemos merecer un destino determinado, este se nos dará. Y, finalmente, solo hasta que creemos merecer tener suerte en nuestra vida, comenzaremos a sentir la fortuna de ello invadiendo nuestro día a día.
El tema con “creer merecer” algo, es que nos estimula el factor “fe”. Ignoremos el concepto religioso de la fe, y veámoslo como el auto-impulso que surge desde nuestra conciencia para forzarnos a alcanzar algo.
La fe es la sana manera de motivarnos a pelear por lo que creemos merecer. Por ejemplo, si tenemos fe en que obtendremos un trabajo, quizá no baste, pero la fe nos motivará a pelear y esforzarnos por obtenerlo. La fe y el esfuerzo por la obtención de lo que merecemos, está intrínsecamente ligado. Por ello, hasta que no creas merecer algo, no te sentirás motivado a luchar por ello y por ende, nunca lo obtendrás.