Vayamos al grano, las personas sí pueden vivir sin amor. Sin embargo, el amor en sí mismo forma parte fundamental del ser humano y son el vínculo directo a la felicidad. No debemos malinterpretar el concepto del amor como algo directamente ligado a la pareja, recordemos que existen cuatro tipos de amor.

- Amor material: El amor material o animal, se da cuando sentimos cierto apego a las metas, profesiones, mascotas y otras. Podemos prescindir de este amor en cierta medida, pero la felicidad es un equilibrio entre lo material y lo espiritual. Véase a lo material como el alcance de metas o satisfacción laboral.
- Amor Eros: Es el amor de pareja y todas las personas pueden tenerlo. Sin embargo, no todos disfrutan de él en una edad más madura, de hecho, solo el 35% de las relaciones de las personas menores de 25 años de edad, duran más de 40 años. A pesar de ello, este tipo de amor desemboca en un tercer tipo de amor, el de familia a través de los hijos.
- Amor de familia: Difícilmente podemos alcanzar la felicidad sin el amor de familia. Este supone el mayor vínculo emocional y es el más importante de todos. La familia es el mayor reflejo de nuestras virtudes y defectos, y en ellos vemos la posibilidad de mejorar como personas. Es en esta búsqueda de la perfección apoyada por los seres queridos, que conseguimos alcanzar nuestra plenitud.
- Amor de amigos: Son casi tan imprescindible como la familia, y suelen ser el mejor lugar para depositar nuestros más profundos secretos. Sirven como apoyo en los peores momentos cuando la familia ya no está y también nos ayudan a reconocer nuestros defectos.

Teniendo en cuenta que existen tantas alternativas, vivir sin amor es casi imposible en cuanto a que difícilmente, no conseguiremos a alguien a quien amar. Por otra parte, si por decisión propia preferimos no amar a alguien, estaremos destinados a vivir con nuestro amor propio, el cual se verá deteriorado por la falta de afecto externo. El amor interno y el externo se retroalimentan y si no existe alguno de los dos, la persona sufre de una de las carencias naturales propias de la felicidad.