Si mendigas un beso, un abrazo o el propio cariño, quizá, no valga la pena. Las muestras de afecto se dan desde el momento en que se hacen tan grande en el corazón, que deben sacarse fuera. Mendigar el afecto ajeno es como suplicar por comida a quien la prepara. Sencillamente, todos tenemos el derecho de dar lo que creamos justo para cada quien, y otros, no les da la gana de dar algo de sí por egoísmo o porque no les nace.
No podemos decir que una persona es mala por no darnos su cariño cuando nosotros les damos el nuestro, pero si podemos decir que nosotros estamos siendo malos con nosotros mismos por ponernos de rodilla frente a la decisión de otra persona de no ceder su afecto.
No vale la pena ese cariño en la medida en que sencillamente, podemos encontrar a otro que sí nos corresponda. No se dice que NO vale la pena porque no se corresponda, sino porque no vale la pena perder el tiempo en algo que no queremos aceptar que no es para nosotros.
No podemos juzgar a quien dice que no, pero si a quien dice que sí. Porque quien dice que sí a la insistencia, es quien se aferra al deseo de ser querido por una persona que ya le rechazó, en este sentido, ¿Quién sería culpable de tu dolor? ¿Esa persona por rechazarte, o tú por insistir? Si crees que la otra persona tiene la culpa, entonces debes revisarte, porque tienes un gran problema a la hora de hacer juicios sobre los temas del enamoramiento.