Puedes desearlo, puedes desvivirte por pasar así sea un día a su lado. Puedes añorar sus besos y querer construir un futuro junto a esa persona. Puedes soñar que te casas y tienes un par de hijos con su apellido. Puede parecerte linda la idea de conocer a sus padres y que él o ella conozca a los tuyos. Puedes prometer que siempre le vas a querer… Pero eso no sirve de nada cuando no puedes corresponder a tus deseos.
No sirve de nada querer, anhelar, desear o amar, cuando cada vez que te invita a una cena, a caminar, a verse así sean 5 minutos, respondes con un “no puedo”.
Porque mientras tú le niegas la posibilidad de corresponder a lo que tanto anhelas, hay otra persona arriesgándose a decir “si puedo”. Porque querer no siempre es poder, porque el miedo es el mayor de los enemigos y negarse a responder a los sentimientos, es una sentencia que dictas para que estos mueran, quizá no en tu corazón, pero sí en el de la persona a la que siempre le dices que no puedes.
Evitemos enamorarnos de estas personas que son mitad excusas y mitad temor. Evitemos confiar en los “yo te aviso” y comencemos a dedicar tiempo a los “voy en camino”. Recuerda que la vida es un abrir y cerrar de ojos, y si no la aprovechamos con las personas que si se arriesgan, quizás estemos viviendo en vano.