Le preguntaron a una niña, ¿Qué cosa es amor? Y ella respondió: “El amor es cuando le dices a un niño que te gusta su camiseta y luego él la usa todos los días”
Dentro de su inocencia ellos pueden ver lo más puro de ese sentimiento, compartiéndolo con quien lo cree necesario. Aunque lo definen como juego, dentro de esa inocencia crean parámetros que nadie puede traspasarse. El que quiere no lastima, no maltrata, al contrario; cuida, respeta, ama.
Aunque son niños podemos aprender de ellos mucho. Cuando uno es niño siempre piensa en hacerle feliz a esa persona que tanto quieren. Por ello siempre tratan de complacer a sus padres, poniéndose triste cuando ellos se sienten mal por algo que hizo. Siempre ven la manera de hacer feliz a sus padres; realizando un dibujo, sacando buenas notas, hasta presentar un lindo baile el día del padre y madre.

En esas pequeñas cositas que realizan, podemos ver la demostración de amor que le tiene los niños a los padres. Es desde ahí que se empieza a amar, desde muy chiquitos.
Si todos amaramos como lo hacen los niños, nuestro amor no estaría enredado con el dolor. Ya que, nos preocuparías como hacerle feliz a esa persona y viceversa. Nuestro amor sería más puro e incondicional, ya que se basaría en hacerle sentir bien a la persona. Incluyéndolos en nuestras vidas, así como los niños lo hacen, juegan con ellos y comparten momentos donde ambos se divierten. En eso se basa una relación, en el compartir de las dos personas que lo conforman. En la equidad del amor que se deben de tener, en el respeto y confianza que se debe construir en su relación.
Si amaramos como los niños, nos preocuparías por el bienestar de la otra persona, pensando en no hacerle daño. En vivir el presente de su relación sin importar lo que pueda pasar mañana. Disfrutar del momento de estar juntos y entre risas inocentes robarle un beso como señal del cariño que le tienes. Esa inocencia hace que el amor sea mucho más significativo y puro.