Cuando creemos olvidar por completo, llegan a la memoria los recuerdos del ayer que llevan el nombre de esa persona que nos hizo sentir tanto. Uno quisiera tener una especie de pastilla mágica que eliminase recuerdos específicos y de ese modo, quizá, borrar todos los que lleven su nombre o, quizá, borrar solo los buenos y vivir con ellos y nada más.
Pero ¿Cómo se olvida a alguien que hoy día forma parte de tu piel? ¿Cómo se deja atrás a una persona que formó gran parte de lo que entregas a los demás? No se puede. Simplemente no hay manera en que arranques para siempre el recuerdo de una persona de tu mente, sin embargo, eso no quiere decir que olvides el sentimiento que quizá, aún, sientes por esa persona.
Porque esa es la confusión que existe en el olvido. Las personas relacionan al “olvidar” con el acto de quitar todo recuerdo posible de la mente sobre alguien específico, pero no reconocen que lo que realmente quieren hacer es dejar de sentir.
El olvido total es técnicamente imposible, pero desprenderse de un sentimiento es totalmente posible. Cuando aceptamos que una persona nunca muere en nuestra mente, sino que cambia de lugar en la memoria, la forma en que afrontamos el “olvido”, cambia. Empezamos a aceptar que es en las emociones que debemos enfocar nuestro esfuerzo para que, de ese modo, podamos en algún momento abrir un nuevo espacio en el corazón y así, dejar que otra persona nos marque la vida.