Cuando debes separarte de tu pareja sea por infidelidad, por monotonía, entre otras razones, experimentas una serie de emociones y sentimientos que hacen que tu piso tambalee y te sientas muy mal.

Es normal sentir tristeza ante cualquier pérdida, pero lo anormal es cuando se convierte en algo dañino para nuestro día a día. Nos sentimos más tristes de lo normal, dejamos de hacer lo que normalmente hacíamos, nos encerremos en nosotras mismas y vivimos sensaciones desagradables en nuestro cuerpo durante al menos un par de semanas.
En primer lugar, te sientes estancada en lo que pasó. Sabes que la vida sigue fluyendo pero tu mente te juega sucio y te invita a pensar que no es así. Entonces das vueltas y vueltas sobre lo mismo, sin darte cuenta de en vez de mejorar la situación la estás empeorando. Lloras desconsoladamente sin poder ver más allá de tu dolor.
De igual manera, piensas que nunca más encontrarás a alguien como él, así que no vale la pena abrirse a nuevas oportunidades. Sientes un vacío tan grande en el pecho que todo te sabe amargo y piensas que sin él te encuentras desvalida para afrontar los retos cotidianos.

Esto ocurre, en principio, porque la idea que se tiene de la pareja es de alguien con quien estaré toda la vida, pase lo que pase, así que gasto mis energías en mantener una relación romántica a costa de mis otras responsabilidades. Creemos que la felicidad se trata de tener un compañero amoroso a tu lado siempre que lo necesites, y es por ello que debes revisar cuáles son tus creencias acerca de todo este tema para que reformules tu manera de ver las cosas y no pases otra vez por lo mismo.