Aprende de una vez por todas a decir adiós.
Aprende que por despedirte no se te cae un trozo de dignidad o un pedazo de amor propio.
Aprende que, si es por tu bien, marcharte es la mejor muestra de cariño hacia ti mismo.
Aprende que el camino hacia el auto respeto puede verse truncado por gente que te pide que te quedes en su vida, pero no lo valora cuando lo haces.

Así que no temas en decir adiós, hasta nunca, te dejo, me largo, me fui, y no quiero saber más de ti.
Que no te tiemble el pulso ni la lengua para mandarlo al carajo, la chingada, al carrizo o al más allá, y desearle un buen viaje, porque al final, tú no eres mala persona como el quizá lo pinta.
No te aferres a manos que te sujetan con sus uñas, ni a labios que no te dejan separarte de un beso con sus dientes.
No te acostumbres a los lugares donde quizá nunca hiciste falta y no dudes por un segundo que, en otra parte, quizá ya te están esperando.

Así que, márchate sin temor a que eso afecte tu dignidad.
Quédate con miedo a que eso te haga perder tu esencia.
Vete sin rendir cuentas a quien no te valoró.
Y finalmente, quédate, sabiendo que el día de mañana, quizá te sientas un poco más miserable.