Parece un poco retórica la frase, pero es importante que elijamos a alguien que no dependa de nosotros para ser feliz, sino que, en otro sentido, seamos más bien un complemento de su felicidad.
Al ser un complemento, no estamos diciendo que menospreciemos nuestro valor humano, sino que reconozcamos que somos prescindibles para cualquier persona.
Saber que podemos ser cambiados, y, que en lugar de nosotros puede haber otra persona que complemente la felicidad de tu pareja, te ayuda a valorarte a ti misma en cuanto al reconocimiento de que tú también puedes vivir feliz sin esa persona.
El asunto está en que podamos escoger a alguien que se quiera tanto a sí misma, que el hecho de que nos ame no sea una necesidad para llenar un vacío, sino un acto placentero transformado en decisión, pues, amar es en sí mismo una elección más que un sentimiento.
Nosotros decidimos amar en el momento que conocemos los defectos del otro, y aún así, superponemos las virtudes porque nos aferramos a ella para sostener el sentimiento vivo. Amar es un compendio de muchas otras decisiones que exigen sacrificio, responsabilidad, tiempo, valoración y otro montón de acciones que alimentan el deseo y el cariño por esa persona.
Del mismo modo, amar es saber que podemos vivir sin esa persona a la que queremos a nuestro lado, pero que aún sabiendolo, le escogimos a dicha persona por encima de la soledad.