Hoy vuelves a mí, queriendo manipularme como bien lo hiciste en el pasado. Hoy estás conmigo de vuelta porque crees que soy débil y no he cambiado, no me creíste capaz de reconstruirme como mujer y ser distinta. La vedad es que tremenda sorpresa te llevarás porque ya no eres necesario en mi vida y te quiero lejos, muy lejos, porque representas un mal para mi.
No te necesito para llenarme y sentirme plena y satisfecha con lo que hago, amigo mío. No requiero que estés ahí para recordarme muchas cosas que, la verdad, son artificiales y superfluas. No necesito a alguien para ponerle sitio a un vacío que es solamente mío, al final. Conmigo misma me basto, y no me hace falta alguien más.
Sí, es cierto, antes fui una mujer sumamente dependiente y necesitada de un hombre que me acompañara a hacer todo en mi vida. No me creía capaz de poder realizar algo por mi cuenta, y así estuve muchos años, a la deriva y rogando siempre por dádivas de cariño.
Antes me entregué a ti como quien se aferra a la vida, es decir, me entregué plena y completa a tu merced y esa fue la manera en que obtuviste control total sobre mis designios. Pero ahora soy distinta y he recuperado la independencia sobre mis acciones. Por primera vez, en mucho tiempo, dentro de mí nació una persona.
La autoestima es lo más preciado que tenemos. Si la perdemos, sólo nos queda sufrimiento y mal de amores. En mi caso, lo entendí y ahora soy feliz haciendo lo que me gusta, sin necesidad de depender de ti ni rogarte por cariño.
A partir de ahora, toma tu camino, porque no quiero estar contigo ni con nadie. Yo sola me basto para llenar este vacío personal.