No confíes más en mí, pues corres el riesgo de salir herido, pero si dudas de mí me hieres en el alma. Y es que el amor a veces es como la aguja del pajar pero no por lo excepcional sino porque puede herirte con su filo.
Me desespero por amarte sin medida, sin límite, sin reservas, pero no debo salir a buscarte porque puedo encontrarme con todo aquello que no esperaba. Tengo la opción de correr a tu encuentro pero no me siento capaz de asumir las consecuencias.

Por favor no vengas cuando te llame pero tampoco te vayas si te pido que te alejes. Deseo tus besos como a nada en este mundo pero entiendo que ya una vez nos hicimos tanto daño que aún puedo ver las cicatrices de mi mente de vez en cuando.
Aún me muerdo las uñas por escribirte un mensaje de texto, por marcar tu número de móvil y decirte todo esto, pero es volver a lo mismo: al principio es como el cielo para luego volverse un infierno total.

Mi corazón está aferrado a la duda, a tenerte mientras no te tengo, a quererte cerca cuando sé que terminaremos reabriendo las heridas. Así que hoy decido cerrar mis ojos y darme la vuelta para poder ver más allá de este amor dañino, para poder apreciar la belleza de la vida aún en medio de esto.