Casi todos hemos salido con alguien que no puede quitar la mirada de su teléfono. Estas personas parecen no estar consientes de lo mal educado que se ve el hecho de que no te vean a la cara cuando hablas.
No sé en que momento la sociedad comenzó a ser dependiente de los móviles, y no martirizo a sus creadores o la tecnología, sino a la falta de capacidad de dominar la cantidad de atención prestada a estos dispositivos. Te lo dice alguien que trabaja en su mayoría desde el móvil.
Debemos enseñarles a las personas que la tecnología que se hizo para unirnos en la distancia, nos está separando en las cercanías. Así que, cuando salgas con alguien dependiente de su móvil, puedes adoptar estas tres actitudes.

- No dices nada y pretendes que no te importa. De hecho, acompañarle en su mal hábito hará que se percate de que estás en silencio. Porque sí, curiosamente, el silencio para estas personas parece ser mucho más estruendoso que cualquier palabra.
- Le hablas claro y de una vez le adviertes sobre tu postura sobre el móvil. Esta en particular, es la que yo aplico. Si salgo con alguien que usa mucho su móvil le digo sin dudar, “Si te estoy aburriendo tanto como para que tengas la cara metida en tu móvil todo el tiempo, me puedo retirar y no ha pasado nada”. El sarcasmo es un plus, de igual forma, busca la manera más cómoda y directa de dejar en claro que lo que está haciendo, está mal.
- Sigues hablando como idiota y pretendes que te está escuchando de verdad. Esto lo aplica la mayoría de la gente que, por alguna razón, les da miedo confrontar a los moviladictos, como yo los llamo.
Finalmente, míralo de esta forma. Si tú accediste a darle tu tiempo a una persona para estar juntos, lo mínimo que puede hacer es prestar atención a las cosas que dices o preguntas. El tiempo es el único bien que no se recupera.