La vida es como una película, y como toda buena obra del séptimo arte, siempre hay guiones que dejan los finales abiertos. Estos son aquellos que nos dejan pensando en las posibilidades, en lo que pudo haber sucedido si hubiera pasado esto o aquello, etc. Pero, sobre todas las cosas, estos finales son los que dejan la puerta abierta para que la historia tome otro rumbo.

Y así, como una película con final abierto, ha transcurrido mi relación junto a ti. Fuiste un capítulo más en mi vida, un pequeño relato en mi trama que, no lo negaré, tuvo momentos muy especiales y memorables para los dos. Sin embargo, no fue suficiente, los malos momentos fueron la premisa desde el principio y esta historia de amor simplemente se desgastó por sí misma; no había otra opción más que terminarla para siempre.
Se ha acabado un segmento de la obra en la que ambos éramos protagonistas, pero siguen escribiéndose las páginas de mi vida. Ahora soy un libro abierto, poniendo mis hojas blancas sin escribir a merced del destino, en búsqueda de nuevos horizontes y nuevas historias que sean contadas en mí. Fue el final para ti en este capítulo que termina, pero es el comienzo para alguien más.

La vida es algo cíclico y, todo lo que empieza, debe terminar, y así se repite siempre. Te digo adiós con dulzura, como quien se despide de algo cuando ha llegado a su tope y siente que es el momento de dejar atrás en buenos términos. Te dejo libre, y ahora estoy por mi cuenta para seguir siendo yo, como siempre lo he sido.
No estés tan triste porque, al fin y al cabo, en las historias también hay personajes que vuelven, hay situaciones que se repiten y, quizás, en algún momento, el guionista universal te dará el chance de volver a mí y reparar las cosas del pasado, reiniciar en todo lo que hicimos mal juntos.