A pesar de que el dolor sea inevitable, el sufrimiento es un estado que se puede evitar. La constante repetición del recuerdo y la vivencia de aquello que nos causó dolor, está regida por nuestra decisión. Sin embargo, muchas personas deciden suprimir la facultad de sentir a su mínima expresión, porque se aferran a la idea de que, si no sienten, no serán lastimados.
A pesar de que las razones de dolor se reduzcan en su máxima expresión, el cerebro entra en un estado de negación de lo que le pertenece y busca por naturaleza, es decir, la compañía y el compartir sentimientos.
La mente está diseñada para complementarse con las de otro, por tal razón, uno nunca está completo del todo hasta conseguir a alguien que ame y le ame por igual. Si bien las personas no mueren de soledad, decidir ser un ermitaño, es una manera de infligirse el sufrimiento a sí mismo.
Podemos negarnos durante años el dar y recibir cariño, pero más temprano que tarde, el cuerpo y la mente comenzarán a sentir la ansiedad y el estrés por no actuar de la manera que se supone, deberían estar actuando.
Una persona nace con la idea alimentarse, descansar, trabajar, sobrevivir y reproducirse. Estas son necesidades básicas las cuales, al ser suprimida, crean en la mente una distorsión de los deseos y necesidades, por lo cual, si suprimimos la necesidad de conseguir a una pareja, estamos reprimiendo la necesidad de amar, y al mismo tiempo, la estaremos sustituyendo con algo que NO es una necesidad, sino un deseo.
Esto acaba en cosas como trastornos emocionales, donde la persona se suele sentir muy vacía y con el tiempo, puede volverse en depresión, bipolaridad, o algún otro tipo de enfermedad que deberá ser tratada. Así que, antes de cerrarte al dar y recibir cariño, piensa que a la única persona que eso dañará, es a ti, la cual, irónicamente, lo hizo buscando no ser lastimada.