Cuando te conocí, me creaste un mundo de fantasías y me hiciste creer que eras un hombre independiente, dedicado a su profesión y en búsqueda de una mujer para construir una relación formal. Jamás imaginé que tenías doble vida y que, mientras me revolcabas en mi lecho, te esperaban en casa tres críos y tu pobre mujer. ¿De veras pensaste que aprobaría tu conducta? Qué pena por ti…
Yo no soy un plato de segunda mesa. Yo no soy aquella a la que puedes llamar solamente cuando quieres satisfacerte y agotar tus fuerzas. Yo no soy una “rompehogares”, que se contenta por meterse dentro de la dinámica de una relación y alejar a una mujer de su marido. Yo no quiero ser “la otra” en tu vida y debes entenderlo de una vez.

Entiéndelo oportunamente o carga con las consecuencias. Porque tu mujer puede ser bastante tolerante con tu conducta el día de hoy, pero lo dudo mucho luego de informarle acerca de todo lo que hiciste conmigo. No estoy dispuesta a tolerar canalladas y si tengo que convertirme en soplona, pues lo haré para conservar mi honor y mi dignidad de mujer.

Aprovecha y piénsalo bien. Mira que lo que se hace, se paga. ¿Te gustaría que te hicieran lo mismo que le haces a los demás? ¿Cómo te sentirías si tu mujer se entrega a los brazos de alguien más? ¿Se siente bien? La verdad es que no, así que deja de portarte mal y sé respetuoso y empático, porque las oportunidades en la vida son contadas.
Respecto a tu mujer, ya es asunto de ustedes dos lo que tengan que resolver a partir de este momento. En lo que a mí respecta, te digo adiós para siempre porque no merezco ser la segunda opción de alguien. Lo merezco todo y solamente puede ofrecérmelo un hombre honesto y respetuoso del valor de la mujer.