Lo curioso de nuestra relación es que fuiste tú quien se empeñó a tenerme como su pareja. Fuiste tú quien me conquisto, quien lucho para que te diera el “si”. Tanta lucha para que al final seas tú el que descuide nuestra relación.
Puede ser que al inicio no estaba interesada, pero al ver cuánto me querías comencé a quererte, a tenerte cariño y a convertirte parte de mi vida. No voy a negar que al inicio nuestra relación fuera perfecta, siempre estábamos dándonos amor, preocupándonos por el bienestar del otro, pasando momentos inolvidables. Compartiendo nuestras alegrías y tristeza, siempre estábamos presentes cuando más nos necesitábamos. La pasión que nos teníamos era increíble, siempre empezábamos con un pequeño beso travieso y terminábamos en intimidad, pasándolo muy bien.
En toda esa etapa del enamoramiento fue muy lindo. Hasta que llegó la etapa de la evolución de nuestro amor, fue ahí donde te descuidaste. Comenzaste a pensar que como tu habías sido él que lo arriesgo todo por conquistarme, me tocaba ahora a mí arriesgar todo por nuestro amor. Algo que en un principio me pareció justo, pero al pasar el tiempo me di cuenta que no era más que una tontería. Una relación, no importa quien inicio la conquista, se trata de una lucha constante por ambas partes, de la equidad que puede en el amor. El compromiso de apoyar a esa persona en los momentos que más necesite, sin ningún tipo de conveniencia.

Cada vez que había una discusión siempre me sacaba en cara que fue él que lucho el inicio de nuestro amor. Está bien que haya luchado por mi conquista, pero eso no le da derecho sobre mí. No podemos aceptar su falta de interés en la relación, menos cuando aún quiere estar con nosotros.
Una relación es para sentirse libre no para apresar a la persona. Nadie debería sentirse obligado de estar en una relación que es conformado por el amor, un sentimiento que nos da libertad de elegir.
Tuve que terminar con este amor, aunque me dolió mucho tenía que decirle adiós. No podía seguir estando con una persona que pensaba que tenía poder sobre mí, sólo porque me conquisto.