Luego de tanto esperar, por fin pude besarte.
No sabes cuánto tiempo esperé y anhelé este momento. El día en que finalmente mis labios se unirían a los tuyos en un beso que, a pesar de haber durado unos segundos, me llenó la vida entera.

Me di cuenta de que besarte es lo que necesito para calmar mis ansias y sentir esa ráfaga de vida en todo mi cuerpo.
A través de tus besos he probado el amor verdadero, ese en el que no sólo sientes algo por la persona amada sino que sabes que él también siente algo igual de intenso por ti.
Y lo sé porque ya he vivido besos en los que la magia no ocurre. Se sienten vacíos y solitarios, como si estuviese besando una pared o al mismo aire. Como si estuviese besando a alguien que no quiere besarme.
Y de tantos labios que probé finalmente llegué a los tuyos y entendí que algún sentido tenía cruzar primero esos caminos antes de llegar a la meta.

Porque un beso es más que dos bocas uniéndose. Hay una melodía entre ellas que dicta el ritmo, la presión, el intercambio, la duración. Son reglas que nadie nos dice pero que dictamos justo al momento de besar.
Un beso dice más que unas palabras vacías, y a través de él se sienten no sólo los labios sino también el grado de entrega en una pareja. Con un beso puedes romper el silencio, resolver conflictos, decirle que lo amas sin soltar ni una palabra.
Es así que sé que en ese primer beso pasaron muchas cosas en un instante, sobre todo que te amo y me amas, y que nada podrá con esto.
Por eso quiero que me beses una y otra vez, en cualquier lugar, a cualquier hora, en cada comida y justo antes de cerrar mis ojos. De las maneras más comunes hasta las más aventuradas, acompañados de palabras tiernas o de ese silencio que a veces es necesario para concentrarnos en lo más importante.

Y sólo en ti podré encontrar todo eso y más, así que basta de palabras y volvamos a besarnos sin pensar en el final.