La sordera selectiva es un peligro latente en muchas personas. Es un defecto que llega a ser desesperante para las personas que quieren decir algo y son escuchadas solo por partes y de manera conveniente.

Es imprescindible que no perdamos nuestro tiempo tratando de dar explicaciones a ese tipo de personas. Primero que nada, porque se trata de un mero gasto de saliva y segundo, porque definitivamente, jode nuestro día y termina poniéndonos de mal humos ¿Vale la pena?

La verdad es que no, tratar de explicarla algo a una persona con sordera colectiva, es como pasar nuestras palabras por un filtro y que lleguen solo las que le interesen a los oídos del otro interlocutor.

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No podemos ponernos en un plan de discursista cuando quien nos escucha solo pretende tomar nuestras palabras y trozarlas a la mitad.

Así que, antes de discutir con una persona, preguntante ¿Me escuchará, o solo interpretará mis palabras del modo que le convenga?

Es por ello que esta es una de las ventajas de hablar cara a cara con las demás personas cuando se trata de un tema delicado, a veces, es necesario que escuchen nuestro tono de voz y vean nuestro lenguaje corporal. El 70% de las conversaciones están conformadas por algo más que palabras.

En un mensaje escrito, es complicado que el interlocutor comprenda realmente nuestra intencionalidad al decir las cosas, pero, en persona, se vuelve mucho más claro y es aquí donde podemos definir si alguien padece o no de la llamada sordera selectiva.

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¿Qué hacer si discutimos con un sordo selectivo?

No es tan complicado, solo plantéale dos opciones:

O me escuchas, o escuchas solo lo que te conviene. Si la persona se niega rotundamente a escucharte por completo, entonces no pierdas tiempo y saliva. Sigue de largo y pasa la página, pues estás frente a una persona potencialmente tóxica.