Recientemente, se publicó un libro que recoge los relatos de Luciano de Samósata, escritor sirio en lengua griega que vivió a partir del año 125, que abarca tópicos tales como extraterrestres, naves espaciales y robots, 1500 años antes de que se editaran las novelas de Julio Verne o G.H. Wells.

Sin más vueltas, el antiguo escritor desarrolla relatos en clave de lo que hoy, dos milenios más tarde, concebimos como ciencia-ficción.

Samósata narra las aventuras de Luciano y su tripulación, todos ellos cosmonautas, echando mano a naves voladoras, proyecciones televisivas, máquinas que hablan, encuentros con alienígenas, guerras espaciales, humanoides, hombres que nacen de otro hombre y hasta ciudades erigidas en un organismo vivo.

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La obra de Samósata también describe aventuras y relatos de naufragios, con embarcaciones que navegan por mundos extraordinarios, como una isla de los sueños, o que fantásticamente deambulan a través de bosques y paisajes espaciales.

Con todo, el antiguo escritor es uno de los primeros en separar la realidad de la ficción, algo que no estaba muy claro por aquel tiempo.

Quizás, es a partir de estos relatos que ha surgido un frenesí desatado por un conjunto de supuestos ovnis en Sudáfrica. Pero, esto no tiene nada que ver con el desembarco de seres extraterrestres.

En cambio, obedeció a un fenómeno atmosférico completamente natural, según explicó un equipo de expertos meteorólogos.

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Es que el aspecto aplanado, es cierto, muy similar a un platillo volador, puede confundir a cualquier desprevenido que no esté al tanto de las llamadas ‘nubes lenticulares’, es decir, cúmulos nubosos que se forman cuando los vientos fuertes y húmedos sobrevuelan terrenos accidentados, como montañas y colinas.

Este tipo de nube es responsable de numerosos falsos avistamientos de ovnis a lo largo y ancho del mundo, especialmente por parte de los turistas que, a diferencia de los residentes locales, no suelen ver estas formaciones en el firmamento.

Es lo que sucedió precisamente en Sudáfrica, una geografía rodeada por accidentes montañosos, como la afamada montaña de la Mesa, que supera los mil metros de altura.

Entonces, cuando las elevaciones hacen que el viento se enfríe y condense, surgen nubes en forma de disco, perpendicularmente a la dirección del flujo aéreo, según precisó un equipo de meteorólogos.

Fuente: infobae.com