Aún puedo recordar el primer momento en que nos enamoramos. El momento exacto cuando te dije que quiero ser tu enamorada. Fue un día mágico lleno de sorpresas. Nadie podrá quitarme eso del corazón, es algo que nunca se puede olvidar. Nadie puede olvidar cuando llegó a amar de verdad.
Cada momento fue inolvidable. Haciendo lo que más queríamos, arriesgándolo todo por ser felices. Por llegar a esa gloria del amor. Los recuerdos aún permanecen en mí y ahí se quedarán. Porque son recuerdos que jamás se deben olvidar.
Tuvimos discusiones, diferencias. Pero siempre lo resolvíamos porque no queríamos quedarnos con remordimientos. Queríamos que nuestro amor fuera puro y real. Siempre buscábamos la manera de poder salir adelante, aunque no te mentiré que eso nos costó mucho. Tuvimos innumerables caídas donde por un momento pensé que este amor ya no iba a seguir. Pero nuestra perseverancia de conservarlo hacia que podamos superar cualquier circunstancia.
Todo andaba bien. Nos había conocido más, ya sabíamos lo que la otra persona iba a decir. Lo que le gustaba y disgustaba. Sabíamos cómo se manejaba nuestra relación. Nada podía arruinarnos. Pues ahí si nos equivocamos, porque sucedió lo que nadie se esperaba. Nos dieron una mala noticia y es que estabas enfermo. Una enfermedad que podía separarnos.
Luchamos las etapas de esa enfermedad, te acompañaba a sacar tus análisis, a realizar tu tratamiento. Fueron días muy duros para ambos. Yo no podía pensar que un día cualquiera podría perderte, no me cabía en la cabeza que eso sucediera. Por ello, insistía en tu recuperación. No quería que esa enfermedad venza nuestro amor.

Lo intentamos todo, hasta lo imposible. Pero desgraciadamente el doctor nos dijo que esto iba a tener un fin, la enfermedad estaba muy avanzada y no se podía hacer nada. Lo único es pasar tiempo juntos hasta el último momento.
No era capaz de entenderlo, lo habíamos hecho todo y aun así no habíamos logrado nada. Me sentía tan mal, devastada. Iba a perder al amor de mi vida. No podía imaginarme un mundo sin él. Es entonces cuando él me tomó de la mano y me dijo que quería disfrutar sus últimos días conmigo y que le permitiera eso como despedida. No podía dejar de llorar, pero no podía oponerme a su pedido, quería que sea feliz hasta el último día.
Y así lo fue, cada día era maravilloso como el principio, como fue nuestra relación. Y cuando llegó a su fin me dijo “eres lo mejor que me ha pasado en la vida.” Y con esas palabras se despidió de mí, dejándome en lágrimas con el corazón en pedazos. No podía soltar su mano no quería dejarlo ahí, frío sin ningún aliento. Como podía hacerlo, no quería entender.
Días después estaba arreglando su parte de la cama cuando veo un sobre que decía mi nombre. Me había dejado una carta de despedida, donde me hablaba de los buenos recuerdos que tuvimos y que está feliz de haberlo pasado conmigo. Pero ante todo quería que yo fuera feliz después de su partida, que vuelva a amar como lo ame a él. Que busque mi camino, porque la vida sigue. Lo único que pide es que yo busque mi felicidad, porque él la encontró conmigo.