Uno de los defectos más grandes de la humanidad, es que vive de apariencias. El rostro, el cuerpo, la manera en que te comportas, todo, puede llegar a ser una simple ilusión, un telón que cubre lo que realmente eres.

Sin embargo, más allá de una operación en la cara, en rellenado en tus senos o un comportamiento solo para aparentar, existe algo llamado felicidad, lo cual es la única cosa que no puedes maquillar, operar o transformar.

Hay una fórmula para ser feliz, y esta es realmente indispensable. La fórmula es la de ser quien eres en realidad y escapar de ese entramado y constructo social de ser tal cual como la gente quiere que seas.

Ads

Cuando dejas de aparentar y actuar como otros quieres que seas, definitivamente les dejas de agradar a mucha gente, pero, irónicamente, empiezas a aceptarte como eres y amarte así, tal cual te ves y comportas.

Empiezas a reconocer que no necesitas de la aprobación de alguien más para sentirte completa, plena y feliz.

Empiezas a ver la vida de un modo distinto y una paz enorme se apodera de tu interior.

Ads

Es ahí cuando entiendes que la verdadera felicidad está dentro de ti, en un lugar que nadie puede modificar y que no está atada a ningún constructo social.

Eres tú la persona responsable de qué tan feliz puedes llegar a ser, así que no vaciles en dejar atrás a ese montón de amigos hipócritas que dicen quererte solo porque te comportas de una manera en la que ni siquiera te sientes a gusto contigo y porque pareces tener muchas cosas materiales que ofrecer.

Ellos solo quieren algo que tú no eres, o, en definitiva, no te quieren a ti, solo quieren ese caparazón donde has decidido refugiarte, creyendo, erróneamente, que eso si te hará feliz.