A diario caminamos por esta tierra sintiéndonos como si fuésemos dueños del mundo pero, sabes muy bien que no lo somos ¿cierto? Vivimos en un planeta prestado, en donde pasamos cierto tiempo y vivimos toda clase de momentos para luego irnos a ese lugar espiritual al que en verdad pertenecemos. Cuando nos vamos, esta tierra se las dejamos a quienes vienen detrás, es por eso que estamos en la obligación de cuidarla para que aquellos que la reciben tengan cómo disfrutarla y luego hacer lo mismo con quienes van detrás de ellos.

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Cuando te levantas en la mañana y descubres que alguien de tu familia está en el baño antes que tú, ¿Qué es lo primero que piensas? Seguramente que esperas que deje el baño limpio para que tú puedas usarlo sin sentir alguna clase de repulsión. Si por otra parte, vas a clases o al trabajo y sabes que antes de que llegaras, alguna persona estaba usando tu asiento ¿Qué es lo que deseas? Simple, que haya tenido la amabilidad de cuidar ese puesto en donde sabes que tienes que sentarte. Y por último, si le prestas algo a un amigo ¿Qué quieres de él? Sencillamente que cuide lo que le has prestado y te lo regrese igual que como se lo diste.

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Estas son cosas fáciles de comprender por todos nosotros. Generalmente, somos muy caprichosos con nuestras cosas y con las que asumimos que son nuestras aunque no lo sean del todo. Entonces ¿Por qué no somos iguales con este planeta? A diario lo tratamos con violencia, lo ensuciamos, lo agotamos y aun así, esperamos que siga proporcionándonos sus más ricos recursos naturales para que podamos seguir viviendo en él.

Es una ironía muy grande, pues cuando tenemos cómo hacerle bien a este mundo, no lo hacemos. Pero, si el mundo responde con violencia nos enojamos y alzamos suplicas a Dios para que la Tierra deje de drenar y siga portándose excelentemente. Sin duda, somos unos completos desconsiderados.

Nosotros venimos de la Tierra y la Tierra es la que nos alimenta, entonces ¿Por qué morderle la mano a quien nos da de comer? La Tierra hoy está viviendo tiempos difíciles, por un lado por culpa del cambio climático, por otro lado, por las enfermedades y muy recientemente por pandemias. También sufre por el alto consumo de sus recursos no renovables y finalmente, por las guerras y los ensayos armamentistas. Y si te fijas, todo ese daño viene de una sola mano, la nuestra.

Nosotros somos los únicos responsables por el daño que ha venido sufriendo este hermoso planeta azul y es hora de comenzar a pedirle perdón por tanto daño y de cambiar nuestro comportamiento con él. Debemos ser más agradecidos y proporcionarle el respeto que merece. Solo así, podremos seguir disfrutando de todo lo que esta tierra quiere darnos y solo así, podremos garantizar que nuestros hijos tendrán un lugar donde puedan vivir hermosos momentos como nosotros los hemos vivido.