Más del 80% de las personas que viven en zonas urbanas están expuestas a niveles de contaminación del aire que exceden los límites que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece como perjudiciales.

Aunque todas las regiones del mundo tienen este problema, quienes más sufren este problema son los que viven en ciudades de bajos ingresos, según un informe de la OMS.
Según el último informe sobre calidad de aire urbano, el 98% de las ciudades en los países con pocos o medianos ingresos y con más de 100.000 habitantes no cumplen con las directrices de calidad del aire de la OMS. Porcentaje que es considerablemente más bajo en países de altos ingresos, donde el porcentaje se reduce al 56%.
Muchas ciudades del mundo han desarrollado un gran crecimiento. Más allá de los beneficios que puede traer en cuestión de desarrollo, innovación y modernidad, también se traduce en más personas, más automóviles, más basura, más uso de energía y más contaminación.
Algunas personas han apostado al poder de la lluvia con la esperanza de que esta ayude a limpiar el aire.
No obstante, el poder de la lluvia no se traduce tal cual como la salvadora de la contaminación. La lluvia sí puede ayudar a ´limpiar el aire’; sin embargo, esto depende principalmente del tamaño de las partículas contaminantes que están afectando al ambiente.

Una investigación del National Institutes of Health sobre la influencia del clima en los contaminantes del aire muestra que la lluvia no tiene un poder significativo sobre las partículas muy pequeñas, aquellas menores a 2.5 micras (PM 2.5). Por ejemplo, una fuerte tormenta únicamente remueve el 8.7% de este tipo de partículas.
En el caso de partículas más grandes, las PM 10, la lluvia tiene un efecto un poco más alentador. Una lluvia moderada puede ‘limpiar’ el 10% de estos contaminantes, mientras que una tormenta incluso puede llevarse el 30%. Sin embargo, esto no quiere decir que realmente el aire se limpió, sino más bien fue atrapado por la lluvia.
Las partículas mayores que se encuentran flotando en el aire son capturadas por la lluvia cuando esta moja el suelo y otras superficies.
En el caso de la lluvia, este efecto puede dañar las superficies donde las partículas contaminantes llegan. Esta lluvia puede ser tan corrosiva que incluso puede disolver los materiales de edificios, esculturas y monumentos.
Cuando la precipitación es constante y dura más de cinco (5) horas, es cuando se puede notar un cambio más significativo. En este caso, las partículas grandes pueden ser removidas en un 60%, aproximadamente.
Sin embargo, para las partículas pequeñas se necesita una lluvia constante de más de diez (10) horas, para alcanzar al menos una tasa de barrido del 40%.

Normalmente, la lluvia viene acompañada de viento y es justo éste el que tiene un poder más valioso en el aspecto de limpiar el aire. Las ráfagas de viento pueden llevarse lejos la contaminación. No obstante, eso significa que dichos contaminantes llegarán a otro sitio.