Como efecto colateral, una de las consecuencias lógicas aunque no esperadas de la pandemia del COVID-19, es el momentáneo respiro que la raza humana le estamos dando a la Tierra.

Debido al brote del coronavirus COVID-19, en proceso de contagio primero en China desde presumiblemente mediados de noviembre de 2019 y ahora en expansón global, infinidad de países están tomando medidas para frenar el contagio a su población.

En China primeramente se paralizó el sector industrial, se redujo el número de vuelos y el tráfico de vehículos en carretera, mucho de lo cual estuvo relacionado con el aislamiento impuesto a la población del país. Estas medidas se han aplicado y están aplicando también en diversos países europeos, una vez que se desatase la crisis primero en el norte de Italia y después en España.

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La calidad del aire en China se recuperó y se mantuvo estable incluso después del Año Nuevo chino, particularmente en Wuhan:

Imágenes de satélite tomadas el 8 de febrero y el 7 de marzo de 2020 respectivamente, y centradas en el norte de Italia:

Todas estas fuertes medidas están provocando que las emisiones de gases de efecto invernadero hayan bajado más de un 25% en China, lo cual representa el 6% de las emisiones mundiales totales.

Estas imágenes captadas por los satélites de la NASA comparan las emisiones de dióxido de nitrógeno de febrero 2019 y febrero de 2020. Como puede observarse, muestran el impacto de la disminución en la actividad industrial, de transporte y comercial.

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Otra de las medidas que adoptó el gobierno chino fue la prohibición temporal del comercio de fauna silvestre. Esto se ha supuestola salvación para muchos animales que están en constante amenaza por considerarse especies exóticas.

Por otra parte, en Italia se ha comprobado que el nivel de las emisiones de dióxido de nitrógeno también ha disminuido significativamente. España seguirá esa estela con seguridad.

Así lo muestran los nuevos datos del satélite Copernicus Sentinel-5P. El siguiente video revela la disminución de la contaminación atmosférica, específicamente las emisiones de dióxido de nitrógeno. Esta reducción es particularmente visible en el norte de Italia, que coincide con su cierre nacional para prevenir la propagación del COVID-19.

Sin embargo, una de las preocupaciones a nivel medioambiental, es que una vez superada la crisis por el COVID-19, los gobiernos se centrarán en reiniciar sus respectivas economías.

En la mayoría de las grandes ciudades del mundo, la contaminación del aire ha superado los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

Los gráficos muestran una severa disminución gradual de la contaminación por NO2 (Dióxido de Nitrógeno) a partir del 8 de febrero:

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Este último muestra los niveles de contaminación el sábado 7 de marzo:

La suspensión de las actividades industriales y de transporte como medidas para frenar el contagio del COVID-19 nos ha mostrado el necesario respiro de nuestro planeta. También ha reafirmado la necesidad de impulsar cambios a mediano y largo plazo para proteger al planeta, pero también para mejorar la calidad de vida de los humanos.

Guardando toda proporción, la pausa en las actividades económicas es una buena oportunidad para reflexionar qué tipo de actividades son de verdad obligatorias y cruciales para la producción de un país. Además, ha puesto en perspectiva la urgencia de activar las economías locales: negocios pequeños, comerciantes independientes.

También nos hace cuestionarnos, para aquellos que tengamos la oportunidad por el tipo de trabajo que realizamos, si de verdad es indispensable el traslado de nuestras casas a oficinas, haciendo un gasto económico, de tiempo y de energía. Si hemos hacerlo en transporte privado, público, caminar más o emplear vehículos como bicicletas, por ejemplo.

Sin duda la aparición y propagación de este nuevo virus nos está haciendo pensar sobre nuestro lugar como humanidad en el planeta, el tipo de manera en la que nos relacionamos con los otros y con el planeta mismo. En todo hay una oportunidad.