Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio, pues solo la prudencia nos librará de los peores peligros.

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Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca. Proverbios 17: 28

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Hay una gran sabiduría en saber hacer uso de la palabra en la medida justa. Cuando se habla con ligereza, no se puede esperar nada bueno. Si eres una persona bastante parlanchina, seguramente tu lengua te habrá conseguido algunos problemas aun sin quererlo.

Y es que por ley de probabilidades, mientras más hablemos, más probabilidades tenemos de meter la pata en algún momento. Los seres humanos siempre estamos propensos a decir algo que nos haga quedar como ignorantes, que nos haga quedar en vergüenza, que nos comprometa o que nos haga crear un puñado de mentiras.

Hablar, el acto de comunicarse a través del lenguaje hablado, es muy bueno, incluso saludable. Los psiquiatras aseguran que hablar e interactuar con otras personas es fundamental para la salud mental. Por eso, no se debe priorizar el silencio por encima del habla, pero sí se debe privilegiar en ciertos contextos donde es probable que nuestras palabras nos metan en problemas.

Ahora mismo, muchos formamos parte de la denominada generación de cristal, término acuñado por la filósofa Monserrat Nebrera, una generación despreocupada, muy frágil, que nació en pleno apogeo de la tecnología. Por tanto, ahora más que nunca es fácil faltar el respeto a cualquiera, hay tantas ideologías que cualquier cosa que puedas decir puede ofender a alguno. ¿Qué hacer en estos casos?

Ciertamente, nadie puede medir todo lo que dice, o tragarse siempre sus palabras, pues al mismo tiempo ya tenemos suficientes casos de ansiedad social. Pero tanta fragilidad a nuestro alrededor nos reta a ser prudentes: si no es necesario, sino edifica a nadie y si no es importante que alguien lo sepa, no lo digas. Pero por sencillo que parezca, es bastante difícil de cumplir.

Al mismo tiempo, cada vez tenemos mayor presencia en las apps de mensajería y en las redes sociales que te incitan a abrirte más, a hablar más y discutir en medios que no aplican tus convicciones más profundas. Entonces nos encontramos viviendo un momento en nuestra Historia bastante curioso. Mientras la denominada generación de cristal se ofende con mucha facilidad por cualquier palabra hablada o escrita, las apps y medios sociales nos impulsan a hablar más de la cuenta. Es un caldo de cultivo para vivir en completa discordia (a veces con gente que ni conocemos).

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Por tanto, un consejo bastante sabio que deberías seguir para vivir más feliz y ser contado como sabio es aprender el valor del silencio. Si la palabra no es más valiosa que el silencio bajo todos los estándares posibles, no la digas. Te darás cuenta que en realidad no tienes tantos enemigos como crees y que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos dividen.