Todo inicia con un gusto, estamos tratando de poder acercarnos a esa persona. Cuando ya somos amigos el gusto se transforma en algo más y poco a poco el cariño, el amor va creciendo. Pero también puede llegar a convertirse eso en una obsesión porque creemos que nuestro universo es esa persona y nadie más. Ahí es cuando nos confundimos y no estamos seguros de lo que sentimos, si es amor verdadero o una obsesión.

Retrato psicológico de una obsesión

Todo gira alrededor de la persona, dejando aspectos importantes, distanciarte de algunas amistades por querer estar sólo con esa persona. La obsesión amorosa tiene un nuevo foco de vulnerabilidad en la era tecnológica ya que uno de los gestos habituales es estar mirando constantemente sus redes sociales, mirando sus horas de conexión y hablar constantemente con esa persona sin importar lo incomodo que se pueda encontrar.

Quieres que esa persona sea feliz, sin embargo, te resulta difícil creer que pueda serlo con otra persona. Haces todo lo posible para que sea solamente contigo, que te necesite tanto como tú lo necesitas. Puedes llegar a sentir celos incluso de sus vínculos de amistades. Una persona que está obsesionada tiene miedo fundamental: sentirse en un segundo plano.

Un sentimiento que duele

Si te encuentras enamorado, pero esa persona no te corresponde. Resulta ser una obsesión cuando haces oídos sordos a este hecho y sigues insistiendo.
Por lo contrario, estás obsesionado con alguien que te corresponde cuando las demostraciones de amor son desmedidas y excesivas hasta el punto de que puedes abrumar a tu pareja.

 

Una obsesión es un tipo de amor que no lo es en realidad puesto que te lleva a vivir en la cuerda floja de un sentimiento irracional que te hace sufrir y te da muy pocas satisfacciones. Porque cuando vives un instante aparentemente feliz, la angustia de que algo cambie es la sombra que ahoga esa emoción.