De pronto, llegaste sin avisar, y no me molestó que pasaras la puerta sin tocar antes. Te adueñaste de todo lo que había en mí, y de cierto modo, me agradó. Me gustó esa capacidad tuya de hacerte dueña de lo que me rodeaba, porque solo con tu presencia, el tono gris de las cosas, comenzó a mutar, volverse colorido y saturar mi vida con nuevos tonos.  Que no te convenzan mis palabras, que te convenzan mis besos, pues en ellos, verás que, así como me escogiste, yo te escogí a ti.

Eres musa, eres vida y eres felicidad. Eres mi decisión y eres a quien escojo cada mañana y cada anochecer. No eres menos de lo que transmites, y lo que sale de ti no son más que cosas que se dejan amar, porque esa es tu esencia, la de ser querida solo por lo que eres.

Yo solo no te escogí, también te eligió mi corazón, la razón y las ganas de vivir a tu lado. Te escogió el desespero que me daba cada mañana al no verte llegar al lugar que frecuentabas y donde te conocí. Te eligió la fascinación que me causaba ver tu cara, tus muecas y la comisura de tus labios al sonreír.

Finalmente, quiero que sepas que te escogí no por pensar que moriría sin ti, porque es todo lo contrario, sé que soy lo suficientemente fuerte para vivir alejado de tu presencia. La verdad, es que te escogí porque aun sabiendo eso, decidí quedarme.

Autor: Ángel Dichy.