Tú te dejaste de lado, te abandonaste y preferiste ceder, a darlo todo, hasta la carne y los huesos… Hasta el alma, para nada. Ahora debes curarte, porque parece que convencerte de olvidar, no está sirviendo de nada.

Tus piernas no pueden sostener tu pecho y tu corazón se acelera. Las manos te sudan tanto que necesitas secarlas con tu jean. Sentiste que ibas a morir. Sentiste que la respiración se te iba y que la fuerza que apretaba tu corazón se hacía cada vez más dañina. Te dolía el pecho y no eras capaz de decir una sola palabra sin llorar.

El miedo a sentirte sola te invade y ahora nunca serás la misma persona. En lo único que ahora logras pensar en es la posibilidad de que vuelva y depositas toda tu fe en que tu dolor, será sanado por ello. Y, aunque lo jures, no extrañas y mucho menos, necesitas a tu ex, en realidad, solo necesitas de ti.

¿De verdad crees que si vuelve dejarás de sufrir?

La memoria suele vacilarnos, cuando no logramos recordar su cara, logramos recordar los momentos más dulces y felices a su lado. Su dulce presencia y el calor que te transmitía con su cuerpo, incluso, su olor y tono de voz, es algo que no logras sacarte de la mente. Sin embargo, las peleas parecen quedar atrás, los celos, las desconfianzas, la indiferencia, las groserías y el maltrato.

La mente suprime los malos recuerdos porque sencillamente no es agradable pensar en ellos, así que, de manera tramposa, te hacer recordarle como alguien a quien nunca hubieses querido dejar ir, pero que, en realidad, era necesario su distanciamiento para que tú pudieses encontrarte contigo misma.

Cuando logras asumir que no lo necesitas, sino que, en realidad te necesitas a ti misma, todo se va esclareciendo, todo torna a un color más vistoso y empezamos a comprender el dolor y, por ende, comenzamos a vencerlo.

Enamorarse implica en ocasiones, perderse. Pensar en otro y amarlo de manera tan intensa que nos perdamos, significa que volveremos incompleto. Una vez que todo acaba, solo nos queda buscarnos a nosotros mismos y volver al punto de inicio, ahí donde solíamos estar completas, donde nos abandonamos y donde preferimos ceder… Y no, no está mal que lo hayas hecho, el amor es así y esa entrega es valiosa.

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El asunto es que, si no decides recuperarte, encontrarte y sanarte, entonces todas las entregas serán en vano, porque es en el reunir cada pieza que queda de ti, que podemos conocernos realmente y saber qué tan lejos llegamos y qué tan lejos podremos llegar la próxima vez que decidamos perdernos. Por ello, no le necesitas, solo te necesitas a ti misma para poder amar de nuevo a un nuevo corazón en el cual perderte.