Uno en la infancia no tiene conciencia alguna de los estándares de belleza por los que se rige el mundo, recuerdo que mi vida era feliz, armoniosa y me divertía con las cosas más simples. Pero, a medida que fui creciendo todo cambio.

Comencé adquirir revistas, y me fui dando cuenta que mi cuerpo no estaba a la moda, no era nada comparado a los cuerpos que veía en las revistas. Mis kilos de más no eran agradables para muchos, mi cuerpo, en conjunto con las estrías y celulitis resultaba antiestético, y sentía que eso molestaba a las personas.

La sociedad me dio la idea, de que un hombre nunca desearía estar con una mujer como yo. Las criticas eran tan constantes que empecé a odiar mi cuerpo, no podía mirarme al espejo sin pensar que jamás podría ser actriz o modelo, no podía hacerlo sin repudiarme por mi físico. Desconocía que mi cuerpo es lo único que tengo y la forma en que lo trate es la forma en la que me va a responder.

Era ilógico, pero al no tolerar estar pasada de peso empecé a comer más, a dañarme, a castigarme por no tener el estereotipo de belleza “ideal”. Cada día que pasaba me daba cuenta de una nueva imperfección, así que constantemente me quejaba por no lucir perfecta.

Sin embargo, el tiempo me ha ayudado a recapacitar sobre todas esas falsedades por la cual me deje llevar. Cada cuerpo es diferente y perfecto. Cada marca y cicatriz es una marca única que representa una lucha constante que debes seguir.

Mi visión de la vida cambió totalmente el día que comprendí que mi cuerpo es el que me permite estar con vida, el que me deja disfrutar de todo lo que me rodea, que mi piel siente, que mi nariz, incluso con su curvatura, me permite conocer los olores de la naturaleza, que mis ojos oscuros me permiten ver el hermoso atardecer.

Mi cuerpo no es el prototipo que todas las personas quieran ver, pero es un cuerpo que está lleno de amor, y para mi eso es suficiente. Ahora que he logrado descubrir mi cuerpo, me he dado cuenta que es el tesoro más importante que tengo, el cual lo estoy cuidando como nunca lo había hecho.

Actualmente, mi cuerpo me responde de una manera maravillosa, porque al verme al espejo, veo la mujer que siempre quise ser. Los traumas y complejos solo están en la mente y al aprender a amarte y a ser más segura, el mundo entero puede ver tu alma y esencia. Lo demás sale sobrando.