El silencio, en ocasiones, actúa como un despertar de la conciencia, y eso es algo excepcional. No solo nos sirve para gestionar mejor conversaciones o situaciones puntuales, es también un canal donde tomar contacto con nosotros mismos para dejar de “hacer” durante un instante y, simplemente, “ser”.

Estamos pues ante un tema con interesantes matices y curiosos aspectos que pueden servirnos de gran ayuda en el día a día. Te invitamos a profundizar en los múltiples aspectos del silencio y en el arte de quedarnos callados.

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Quedarnos callados y regalar silencio puede ser un castigo

George Bernard Shaw decía que “el silencio es la expresión más perfecta del desprecio”. Así, debemos tener mucho cuidado en cómo lo utilizamos, en cómo lo aplicamos en función del contexto y las personas receptoras de eses silencio. Hasta el momento, hemos dejado claro que el uso del silencio es una herramienta perfecta para gestionar las propias emociones, para centrarnos en el aquí y ahora y poder emitir así una respuesta o un tipo de acción más acertada.
“El que no sabe estar en silencio no sabe hablar”

El emprendedor, investigador y conferenciante Luis Castellanos nos habla de este mismo tema en su libro “La ciencia del lenguaje positivo“. El silencio es una pausa para nosotros mismos. Quedarnos callados es algo necesario, por ejemplo, cuando volvemos del trabajo y estamos a punto de entrar a casa. Algo tan sencillo como respirar profundo y  permanecer en silencio unos segundos puede alejar la presión y la ansiedad de ese otro contexto que no debemos proyectar en casa.

Ahora bien, algo que estaría bien tener en cuenta es que el silencio puede actuar muchas veces como un cercenador de la calidad de nuestras relaciones personales. Son las palabras las que educan, son las palabras las que sanan y ellas quienes nos ayudan a tender puentes, a crear raíces y consolidar nuestros vínculos a través de un lenguaje positivo, empático y cercano.

arbol libro y el arte de quedarse callado

De ahí que debamos tener muy claro que el silencio no es un castigo positivo para ningún niño, que cualquier mal acto, travesura o desatino no se soluciona con retirarle la palabra o con renegarle a la soledad de su habitación. Con ello, lo que hacemos muchas veces es alimentar la ira. En estos casos la comunicación es imprescindible, esencial para cambiar conductas, para reconocer errores y prestar ayuda hacia la mejora.

Hagamos pues un buen uso del silencio. Hagamos de él nuestro palacio de calma donde reencontrarnos, donde armonizar emociones, donde calmar la mente y para encontrar en él, la mejor respuesta, la palabra más hermosa para el momento más necesitado.

 

Fuente: Vix