Toda persona que se enamore, pasa por cinco etapas. Cada una de ellas hace madurar la relación, llevándola a un estado de trascendencia. La solidez de las parejas que llevan años juntos, se basa en el aprendizaje de cada una de estas etapas. Hay que detenerse en ellas un instante, comprenderlas, y rescatar lo posible para enriquecer nuestras experiencias en el ámbito amoroso.

  • Ilusión: Cuando conocemos a alguien que nos genera curiosidad, estamos a un paso de ilusionarnos. La curiosidad es el preámbulo a querer saber más sobre esta persona, y esa sensación provoca un cambio leve en las prioridades de tu vida.
  • Enamoramiento: Cuando empezamos a tener las sensaciones de mariposas en el estómago, cuando nos da un “no sé qué” en el corazón al verle, o cuando simplemente sentimos una necesidad de estar con alguien; la ilusión se ha convertido en enamoramiento.

  • Relación: La relación comienza por varias razones, la ilusión mutua no es una de ellas. El inicio de la relación se da cuando ambas personas están en un estado de confort mutuo, algo no forzado y que parece fluir sin empujones. De no iniciar así tu relación, ten cuidado, puede que estés apresurando las cosas.
  • Abajo la idealización: Acá viene la parte más difícil y, por ende, la que debemos analizar con mayor profundidad. En la mayoría de las relaciones, nuestra pareja no es lo que idealizamos a un inicio, comenzamos a reconocer sus mayores defectos y puede que la ilusión inicial, termine. Pero es cuando debemos pensar ¿Quiero que mi relación se forme en base a ilusiones, o una realidad consciente? Es ahí cuando se pone a prueba el amor.
  • Trascendencia: El fin último de cada relación es mejorar como pareja, sin embargo, esto no ocurre sin la mejora del individuo. Esta evolución se da casi de manera inconsciente, y el mayor impulso es el amor por el otro, ya que, el amar a alguien, nos hace querer ser mejor persona.