Es normal que entre los que aman la literatura, el amparo de sus emociones se encuentren detrás de la poesía u otro tipo de escritura. Ya seas que seas un fan de Stephen King u algún gran escritor del BOOM! Latinoamericano, la pasión es la misma. Buscamos siempre sanar a través de la lectura, ya sea por ocio, por odio o por amor, la escritura nos cura y son una ventana a un nuevo mundo, un nuevo lugar al cual podemos ver y entender las perspectivas de algunas cosas que creímos incomprensibles.

Mario Benedetti es quizá uno de los mejores autores que captan la realidad del desamor, la mayor emoción en cuanto a fuentes de inspiración romántica. A diferencia de muchos, Benedetti no va a lo extremo y se centra en redactar el resentimiento desenfrenado o el amor más anhelado, pero siempre, desde un punto de vista realista.

Empecemos:

 

“Hace mucho muchísimo que yo no me enfrentaba como anoche al espejo y fue implacable como vos mas no fue tierno. Ahora estoy solo, francamente solo. Siempre cuesta un poquito empezar a sentirse desgraciado”.

Con tanta franqueza, Benedetti habla sobre aceptar la derrota, entenderla, dominarla y, por último, olvidarla.

 

“A la ausencia no hay quien se acostumbre. Otro sol no es tu sol, aunque te alumbre.” (Mar de la memoria)

Esta frase nos hace tener una idea clara: Si perdemos algo no volverá ni será sustituido por nadie más.

 

“Sé que soy un idiota al esperarte, pues sé que no vendrás”. (Espero)

Y eso se debe al que el corazón, no se cansa de amar, pero sí de esperar.

 

“Hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos, una frontera de palabras no dichas entre tus labios y mis labios y algo que brilla así de triste entre tus ojos y mis ojos”. (Soledades)

Después del amor y la felicidad, suele haber tristeza, según Benedetti. Como si esta fuese nuestro estado natural del cual buscamos salir con desesperación y que, al conseguir salir de ello, no deseamos volver a ser naturales.

 

“Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo, pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme”. (La tregua)

Específicamente para quienes han amado a esas personas a las que, herirnos, se les hacía tan fácil.

 

“Te quiero, pero no deseo luchar contra el destino. Disfrutaré de vez en cuando de tu recuerdo que seguirá alterándome”. (Adiós)

Esta es la viva aceptación de que el resultado de nuestras acciones y el pasado en concreto, nunca cambiará por mucho que movamos las fichas a nuestro favor.

 

“El olvido está tan lleno de memoria que a veces no caben las remembranzas y hay que tirar rencores por la borda. En el fondo, el olvido es un gran simulacro repleto de fantasmas”. (Ese gran simulacro)

Este es el punto de partida de la aceptación. El olvido es, sin duda, un reclamo por mirar al presente.

 

 “Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos”.  (La tregua)

Este es el resultado de lo que queda luego de una guerra llamada “amor”, donde hubo odio y ahora solo hay indiferencia.

 

“Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar”. (Primavera con esquina rota)

Hay que soltar la carga esa que queda luego de que se nos haya roto el corazón. Caminar hacia el frente, contra el viento, es la mejor manera de ir desprendiéndose del pasado.

 

“Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón”. (La gente que me gusta)

Como una palmada en la espalda, llega esta frase para darnos un buen refrescamiento de lo que significa “olvidar”. Un estado con el que tenemos que aprender a lidiar desde el corazón.

 

“No te rindas, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento”. (No te rindas)

 

Finalmente, Benedetti nos advierte que la rendición es la única derrota. Cierra el ciclo, cura el corazón y mira hacia al frente, porque cada día es una nueva oportunidad para empezar de cero.